El sentimiento de culpa puede llevar a un árbitro a la depresión

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El sentimiento de culpa, por una mala decisión en un partido, puede generar depresión en un árbitro de fútbol. Según lo explica el psicólogo de árbitros Luis Diego Hernández.

De acuerdo con el especialista, por su oficio, el árbitro suele fijarse un margen de error bajo, de ahí que su estado de ánimo se altera cuando existe la sensación de que hubo culpa o influencia en un marcador o que fue partícipe de una decisión mal tomada que fue muy evidente: "Los árbitros son muy autoexigentes, más bien he tenido que ayudarles a bajar un poco porque el margen de error que ellos mismos se autoimponen es sumamente bajo. La consigna no está mal, pero se pasan. Cuando estás con un margen de error muy bajo, estás a un paso de la frustración y esta puede conectar con una variable hermana que es la depresión".

El psicólogo indicó que la depresión es una profunda tristeza con un marcado decaimiento anímico y que no existe una norma general de a quién le puede afectar más, a un colegiado con autoestima alta o baja, si es experimentado o viene haciendo sus primeras armas, pues eso dependerá de las características de cada uno: "Cuando se habla de depresión, la gente lo interpreta tal cual, pero hay diferentes grados, es todo un mundo. Se trata de un estado de ánimo bajo e importante por un tiempo determinado, no más de un mes, por ejemplo. No es que se encierran tres meses sin hablar con nadie. Se deprimen porque son humanos y también hay razones que provienen del arbitraje que les provoca un desequilibrio en su estado de ánimo. Cada caso es diferente. No es lo mismo equivocarse en una semifinal o final que en el inicio del torneo, la orientación psicológica del árbitro es importante en estos casos".

¿Cuánto les afectan los insultos? 

Hernández informa sobre lo complejo que significa dedicarse a un oficio tan peculiar como el arbitraje, en el que el individuo está expuesto a tensión y presión de diferentes francos. Recibe desde insultos provenientes de la gradería hasta careos de los futbolistas: "El que se mete en esto tiene que saber que el precio que se paga es muy alto".

Recomienda desconectarse por completo y hacer actividades ajenas al fútbol hasta horas previas al juego, como ver una película y, por qué no, hasta bailar. Todo con el fin de que no llegue embotado al compromiso.

Sobre los improperios del que son objeto, afirma que dependiendo de la personalidad así será el efecto de una ofensa: "Su propio trabajo va desarrollando mecanismos que minimizan los efectos que (las ofensas) puedan tener sobre ellos. El mayor problema está dado en lo interno, su inseguridad ante una decisión y su estado de ánimo previo pueden ser las entradas para que los insultos determinen un estado aún peor".

Sobre el factor que afecta más a un árbitro: "la posibilidad de cometer errores en sus decisiones, la pérdida de la concentración de la atención y llegar a ser injusto".

Para finalizar apunta: "El árbitro debe saber aquello que es importante para su trabajo y que le resulta útil en el mismo".

Artículo escrito en La Nación

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