Entre todos, busquemos una solución a la violencia en el fútbol


Cada fin de semana, la violencia en los campos de fútbol es la protagonista de todas las portadas. Este problema no se resuelve si no se trabaja conjuntamente entre árbitros, entrenadores, jugadores, padres y periodistas.
Sobre este tema, el diario VAVEL ha publicado un estupendo artículo que resumimos a continuación.
Siempre son los mismos los que manchan el deporte. No se pueden permitir actitudes realmente vergonzosas como las que se pueden ver cada fin de semana en los campos de cualquier parte del mundo. 
La culpa es de todos. Periodistas, jugadores profesionales, aficionados, padres, árbitros, entrenadores. El deporte es un reflejo de la sociedad, y desgraciadamente, hoy en día no se pueden tratar estos acontecimientos como “casos aislados”.
La educación empieza en casa. La labor educativa de los padres en el ámbito deportivo debe centrarse en educar a través del modelo. Si un hijo ve a su padre insultar a un árbitro por la televisión, el chico tenderá a protestar cuando esté jugando un partido. Si el niño ve cómo el padre cuestiona todo lo que dice el entrenador, ya sea en casa, en cualquier conversación “off the record” o en pleno partido, el propio chaval será el primero que no respetará la autoridad de su entrenador.
La figura del “papá entrenador” es una de las que más daño ha hecho en los últimos tiempos en nuestro país. Clubes, escuelas y equipos llevan años preguntándose cómo acabar con esta lacra. Y si su hijo es bueno ya no hay nada que hacer. Se pasa del “papá entrenador” al “papá representante” y empieza a moldear una “futura estrella” a la que en muchos casos solo la convierte en un niño lleno de estrés y ambición, olvidándose de disfrutar y de respetar los valores del deporte. El tópico de “la grada está llena de padres cuya trayectoria como futbolistas se ha frustrado y ahora buscan en sus hijos lo que ellos no pudieron lograr”, desgraciadamente, sigue muy vigente a día de hoy.
Juanga Valero, psicólogo deportivo y entrenador de fútbol base, remonta el problema a una de las necesidades más importantes que necesitan los seres humanos: la de sentirnos protegidos. “A lo largo del tiempo la sociedad, la educación, incluso la manera de vivir cambia. Es verdad que los tiempos van avanzando y la sociedad se desarrolla, pero, ¿verdaderamente estamos consiguiendo que mediante el deporte cumplamos con las necesidades de nuestros hijos? ¿Estamos ejerciendo un apoyo adecuado a su formación integral?”.
 “Recuerdo un partido que presencié hace dos semanas en la que me atreví a acercarme a un padre ante las continuas instrucciones y control que realizaba sobre los compañeros de su hijo. ¿Creeréis que esa expectativa se convertirá en una motivación para el niño o será más una presión?”.
También reconoce que no cree que la solución sea impedir el acceso a partidos o entrenamientos por parte de los clubes, puesto que los padres “son la figura esencial para el desarrollo deportivo e integral del futbolista, y logrando un trabajo en equipo de madres, padres y entrenadores se incrementará la probabilidad que se persigue en el deporte base. Es decir, que el niño se mantenga en el deporte el mayor tiempo posible y que forme parte de su vida cotidiana, para que mediante él vea un camino de cumplimiento de expectativas personales y su motivación sea alcanzarlas de manera autónoma y responsable”.
El deporte, como reflejo de la vida, puede y debe enseñar a ganar y a perder, a mejorar, a escalar posiciones, a revertir tendencias. El objetivo del deporte formativo es formar, divertir, instruir, educar, enseñar, divertir. No ganar o perder. De verdad que hay que revisar lo que se está haciendo en la base. Una vez más, el trabajo de muchos clubes, escuelas o entrenadores es digno de admirar, pero es fácil tener en mente a más de uno y más de dos entrenadores de niños que por ganar hacen cualquier cosa.
Se ha endiosado a los Guardiola, Mourinho, Klopp, Simeone, Ancelotti, Luis Enrique o Zidane porque han ganado títulos o porque tienen un estilo propio. Los entrenadores de la base, cada vez más formados, tienden a imitar a los grandes gestores de equipos. Evidentemente, no solo se capta lo malo, ya que se están implantando metodologías profesionales en la base con muy buenos resultados. Pero puede caer en el olvido que esto es deporte base. 
El periodismo también debe analizar la parte de culpa que corresponde. La prensa genera un caldo de cultivo en torno al fútbol que, inevitablemente, se traslada a los campos de niños. Árbitros que cometen errores, gestos antideportivos que copan portadas, situaciones extra deportivas, comentarios, críticas, declaraciones… al final todo desemboca en hacer del fútbol un deporte convulso. Además, parece que cuando se habla de fútbol base en los medios se hace únicamente para destacar algo negativo y solo se destaca aquellos actos demasiado deportivos, casi forzados, que dan la vuelta al mundo y generan muchas visitas, clicks o audiencia.
Hay que proteger a los árbitros. Jóvenes chavales que reciben una mísera retribución por pitar un par de partidos un fin de semana, que en muchas ocasiones tienen que hacer frente a situaciones verdaderamente lamentables. Insultos, vejaciones, humillaciones, protestas, violencia, acoso… por parte de la grada, los padres, los entrenadores y los propios jugadores. Los árbitros también son deportistas y también disfrutan pitando partidos. Se equivocan, como se equivoca un entrenador al hacer los cambios o un padre al llevar tarde a su hijo al partido.
Sucede que en algunos partidos de fútbol base el árbitro también se olvida de que el partido que está pitando es de niños, y se siente superior a todos los allí presentes. Por eso es más destacable la labor de esos árbitros que atan cordones a los niños, dialogan, son transigentes y educan con la transmisión de las normas y desde la normalidad en su comportamiento.
Por todos ellos hay que acabar con la violencia en los campos de fútbol.
Artículo completo e imagen: VAVEL


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