En hierba de hombres

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La joven Marta Huerta de Aza se ha ganado el respeto en el campo con su acierto y valentía como árbitro.
No le arredrarían juntos ni Cantona, Stoichkov, Marchena y alguno más que se uniera al corrillo. Y eso que el defensa che es uno de los que tiene por más polémicos. «Protesta todas las jugadas», afirma la palentina
Marta Huerta de Aza, árbitro de 19 años que el pasado mes de julio ascendió a Primera División Regional de Aficionados. Ella es valiente y pita lo que ve, aunque sus decisiones a veces no gusten. Es mujer en hierba de hombres, pero se hace respetar.
Estudia segundo de Magisterio de Educación Física en La Yutera, el fútbol le ha atraído desde niña: «A nadie de mi familia le gusta, mi madre es socia del Palencia pero yo creo que por el ambiente, y mi padre lo ve cuando pongo yo la tele».
A 15 años, pasó por el Colegio de Árbitros, subió, y no se ha arrepentido jamás de haberlo hecho: «Al revés, los partidos son sólo una parte del arbitraje, yo a mi novio le conozco por ello y también he hecho buena relación con árbitros, con delegados, con jugadores...». Empezó como aspirante, hizo un curso y un examen, y comenzó a arbitrar en fútbol siete. De ahí, a asistente de Primera Provincial; después, a Primera Provincial, y por último, tras quedar primera en un examen y luchar en Valladolid con treinta árbitros, a Primera Regional de Aficionados.
Pero el objetivo de la joven palentina es el ascenso a Tercera y ser internacional. «Estamos dos años y nos proponen para Mundiales, Europeos, 'Champions' femeninas... ¡Como somos tan pocas!», afirma Marta, que considera complicado llegar a arbitrar incluso en Segunda División B. «Dependes de ascensos y descensos, es difícil».
Para ese ascenso a Tercera, debería quedar entre los quince primeros árbitros de Castilla y León. «Nos piden los mismos tiempos que a los chicos. A ver si lo cambian, que en otras comunidades ya lo están haciendo. Para las chicas piden más en Castilla y León que en pruebas de la UEFA».
Ya conoce la presión de las gradas: «Sí es verdad que hay gente que cuando compra una entrada parece que pone en ella que tiene derecho a meterse con nosotros. Muchos no tienen idea del reglamento, habría que regalarles uno, como también a muchos jugadores», y cuenta  que en un reciente derbi provincial entre el Villamuriel y el Becerril tuvo dosis extra de presión: «Me pusieron a parir, en el minuto 89 le anulé un gol al Villamuriel, les saqué todas las tarjetas a ellos... Pero las faltas eran faltas, y yo las pitaba aunque fuesen en su contra. Cuando pito, no sé quién es el de casa y quién el de fuera, te das cuenta cuando oyes chillar. De árbitro no te enteras de lo que dicen, pero cuando estás de línea sí, hay gente que no sabe tu situación personal y hacen comentarios que hacen daño. A mi madre no la dejo ir a verme, a mi padre sí, y me dice que un día no salgo del campo porque no me corto, pero yo nunca he dejado de pitar algo por presión. Lo de que me vaya a fregar sí lo oigo, pero, en general, es mejor ser mujer para el arbitraje, porque hay jugadas que las pita un hombre y se lo comen»


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