Historias de padres que espantan a árbitros noveles. Por ANA S. CHANZÀ

Dicen que hay que tener amigos hasta en el infierno. Y en la profesión de periodista, más todavía. Nunca sabes dónde va a surgir la noticia, quién te podrá aportar información y qué detalles serán vitales para que tu trabajo del día a día sea un éxito. Hay veces, sin embargo, que te encuentras con la noticia sin esperarlo, aparece delante de ti, te la cuentan o, incluso, la oyes de rebote.
Algo similar me pasó a mí el otro día. Un amigo policía local estaba de servicio pero, aprovechó un descanso para saludarnos. Entonces, con cierta naturalidad, dijo que venía del campo de fútbol. A mí, ya, se me abrieron los ojos y puse toda la atención en la historia. Alguien había solicitado asistencia policial desde uno de los vestuarios del recinto deportivo. Cuál fue la sorpresa de los agentes al llegar cuando vieron que quien se ocultaba asustado dentro del vestuario era un árbitro muy joven. «Parecía novato y estaba totalmente asustado», contaba mi amigo. De inmediato, pasaron por mi mente imágenes de futbolistas furiosos, padres cabreados y demás. Nada de eso. Era un partido de fútbol-8 y, en una jugada dudosa, un grupo de padres comenzó a increpar al árbitro. Este se asustó, suspendió el partido y se encerró en el vestuario. Cuando llegó la policía en el campo de fútbol se respiraba tranquilidad y normalidad. Una paz solo rota por los nervios del joven colegiado.
Quién sabe si era de las primeras veces que arbitraba o si los comentarios de los padres fueron mucho más graves de lo que comentaron a la policía. Lo cierto es que todo esto tuvo que pasar delante de los pequeños futbolistas. Que no recibieron un buen ejemplo por parte de sus progenitores y que, para más inri, vieron como su encuentro semanal se suspendía por momentos.
Lo he dicho más de una vez y lo seguiré haciendo las veces que sea necesario. El fútbol, en este caso, el fútbol base, es un deporte. Debe servir para educar, formar y entretener. Para nada más. Es cosa de niños. Así que dejemos que sean ellos -siempre aconsejados por sus técnicos- quienes lleven las riendas del partido, quienes tomen las decisiones. La intromisión de los padres solo hace que ensombrecer un juego que debería ser limpio. Ensucia el deporte y desprestigia a equipos, escuelas y al fútbol base en general.

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