Escuelas de violencia

Un parte de sanciones cogido al azar del comité de competición de la delegación gaditana de fútbol sala correspondiente a al mes de noviembre de la temporada 2009/10: 35 sanciones. Se desglosa de la siguiente manera: 12 por insultos, amenazas o menosprecio al árbitro, 10 por insultos o amenazas a un contrario, 10 por acciones violentas y tres por incomparecencia. Entre ellos, hay dos partidos de infantil, dos de alevín y uno de juvenil. Podría ser un fin de semana aislado, un nublado general en las pistas. No lo es. Las actas de los fines de semana siguientes arrojan datos parecidos.

Otro ejercicio al azar. Una crónica de un partido sacada de la web del Ayamonte, tras un partido de Preferente contra el Algeciras: "Árbitro. Manuel de los Santos M. (mal), auxiliado por Luis Ángel R. (patético)". Una muestra del lenguaje utilizado por los medios, textos que suelen ser escritos por los mismos aficionados de los equipos.

El fútbol de regional , pero sobre todo el de infantiles y juveniles, se ha convertido en una absurda escuela de violencia. Los datos del Colegio Provincial de Árbitros son que en esta temporada ya se han producido 16 agresiones a colegiados -y aquí no se contabilizan insultos, escupitajos o amenazas-. Estamos un poco por encima de las cifras del año pasado, que se cerró con 25 agresiones. Y es que Juan Antonio Álvarez, responsable arbitral de la provincia, sabe que "ahora viene lo peor porque es cuando se deciden los campeonatos. Es la época más peligrosa para los árbitros".

Cuando hablamos de árbitros nos estamos refiriendo a chavales, muchas veces a niños, que son reclutados en los institutos y que, a la vista de lo que tienen que soportar, no aguantan mucho tiempo con el silbato. Un ejemplo. El año pasado había 43 árbitros en Sanlúcar. Este año sólo hay 22. "Y sin árbitros no hay fútbol", advierte Álvarez, que no entiende que los adultos, los padres y entrenadores de los niños que juegan, puedan provocar y sean los primeros responsables de estas situaciones. Hace dos semanas, en un partido en San Roque, el padre de uno de los jugadores infantiles le soltó un bofetón al árbitro. El árbitro tiene 14 años. Es más, Álvarez lo dice sin rodeos: "El cáncer del fútbol base está en los padres, los que no entienden que el fútbol está para educar, los que no entienden que los árbitros, igual que sus hijos, se están formando".

Un tipo de gestión modelo del fútbol base es el club Tiempo Libre, fundado hace 30 años y que cuenta con 300 niños en las diferentes categorías. Carlos León, un veterano en el fútbol base, gestiona esta cantera en la que "lo primero que enseñamos a los niños, desde que los cogemos a los cuatro o cinco años, es el respeto al contrario y al árbitro. Si los niños, y sobre todo los padres, no se ajustan a esta filosofía, no tenemos más remedio que expulsarlos del club. Es algo que hemos tenido que hacer en alguna ocasión incluso con algunos chicos que prometían, que jugaban bien al fútbol, pero a los que sus padres habían transmitido una agresividad que se reflejaba en el campo. Esto es una actividad deportiva en el que el resultado es una mera anécdota".

En todos estos años de enseñar fúitbol y respeto a los niños, León ha tenido que soportar "a padres y madres con comportamientos incorrectos. Los niños sufren en el campo cuando están sus padres gritándoles por todo lo que hacen. Juegan atenazados, no disfrutan. Y esto es un juego, jugamos para disfrutar".

No es la filosofía de todos los equipos. "Mira una clasificación cualquiera. Seguro que te encontrarás algún equipo en la mitad de la tabla que en el casillero de los partidos de casa los tiene todos ganados. Todos conocemos esos campos, son campos a los que vamos y yo les digo a los chicos bueno, hoy vamos de picnic. Si nos meten tres, nos han mertido tres, y si el árbitro pita cosas raras no le digáis nada porque él también está asustado. Lo que no queremos son problemas". Dura enseñanza, pero muy útil, para unos críos.

Álvarez se queja de que la subdelegación de Gobierno no hace lo suficiente, pese a que en su día hubo reuniones en las que se adoptaron una serie de protocolos que empezaban por el control de la venta de alcohol en las cantinas de los barrios que ofician como bares del campo de fútbol. "El alcohol -según Álvarez- es uno de los responsables de los problemas en los campos de fútbol. Eso vale igual para el fútbol profesional como para el fútbol base. Tanto en uno como en otro está prohibido su consumo, pero el control no es el mismo. Si empezáramos por ahí, tendríamos mucho terreno ganado".

La segunda medida pasa por atender los patrtidos de riesgo. "Sabemos cuáles son y en qué momento se pueden producir. Tenemos uno señalado en rojo el 1 de mayo en Estella del Marqués. Enviar una pareja de la Guardia Civil allí no estaría de más. Siempre algo impone".

Ese mapa de la agresividad está lleno de puntos negros. El pasado mes de febrero un jugador juvenil del Atlético Zabal (La Línea) fue pateado en Ceuta en la cabeza y sus compñaeros fueron agredidos. Hubo una amenaza de plante para ir a Ceuta, con campos especialmente conflictivos. El Loluba juvenil, un equipo de Algeciras con estupendos jugadores, se retiró de la competición después de sufrir un nuevo incidente en Los Barrios. Eran buenos, ganaban y tenían que salir corriendo de los campos.

La delegación provincial de árbitros se ve impotente. Cuenta Álvarez: "Hicimos unas jornadas que llamamos 'Conoce a tu árbitro'. Vinieron dos equipos. No les interesa. Es pegarte contra una pared. Sólo les interesa que los niños ganen y ganen. Es absurdo".

Se han endurecido condenas, han enseñado a los árbitros defensa personal, el Colegio de Psicólogos de Andalucía occidental estudia el fenómeno. Pero nada cambia. Decenas de partidos acaban a tortas. Ninguno de estos chicos que juega cada fin de semana en los campos de la provincia será figura, casi ninguno será profesional, pero sí habrán tenido un bagaje de violencia. Todo un legado. Muy instructivo el fútbol.
Noticia:http://www.europasur.es/

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