Los árbitros: ídolos de nadie y culpables de todo

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En los partidos que se disputan, la culpa de que si se falla un gol, que si se pierde,… es del ¿árbitro?, hay pocos jugadores o entrenadores que admiten que perdieron por jugar mal.
Debemos pensar y entender que los árbitros realizan su labor, que los que juegan no son ellos, se pierde o se gana según el trabajo realizado por el equipo en el campo. Son una autoridad y hay que respetarla como tal, como al profesor en el colegio o como al policía en la calle. Si se hiciera, sería todo más sencillo y práctico, aceptar sus decisiones y seguir jugando. Para ello vamos dar unos consejos para mejorar esta relación.
Relación entrenador-árbitro
Los entrenadores y árbitros suelen tener una relación adversa debido a un factor importante: a los entrenadores lo que más les importa es el resultado y al árbitro el comportamientos de los equipos. Todos los entrenadores compiten por su propio equipo, los árbitros ven la competición con interés imparcial. Relacionarse educadamente con el árbitro en el terreno de juego debe ser relativamente sencillo. Para ello, el entrenador tiene que conocer correctamente el reglamento, observar durante el partido las infracciones, trabajarlas en los entrenamientos e inculcar la honestidad en el juego, impidiendo acciones de engaño. Con el árbitro no se discute, se dialoga.
Respeto al árbitro
Entendemos por naturaleza, que el fútbol es un deporte de alto ritmo donde las emociones están siempre a flor de piel, pero no entendemos que esas emociones nos lleven a la descalificación, el insulto y, en el peor de los casos, a la violencia física. El árbitro actúa con imparcialidad y objetividad, pero en su toma de decisiones puede equivocarse, forma parte de su trabajo. Semanalmente comete errores durante los partidos, errores que tiene derecho a cometer, errores que no están hechos a propósito.
Una vez el árbitro ha señalado una infracción, dirigirse a ellos de manera airada para que cambien su decisión no va a servir para nada, pero sí se puede hablar con ellos educadamente, quizás con su explicación entendamos que no son ellos los equivocados
Respeto al jugador
Debemos saber y entender que el árbitro pita lo que ve, pero en ocasiones las circunstancias impiden una correcta visión del juego. Jugadores y entrenadores buscan hacer su trabajo lo mejor posible, lo mismo hace el árbitro. Para que su trabajo sea respetado, el árbitro también debe saber ganarse el respeto de jugadores y público. Un árbitro se gana el respeto cuando no se deja presionar ni condicionar, demuestra un comportamiento completamente imparcial y actúa ajustado al reglamento.
Nos podríamos apoyar en un gran principio de comportamiento, cuando hablamos de respeto al que aspiramos para nosotros y para los demás, “Trata a los demás como tú quisieras que te trataran”.
Arbitrajes didácticos
Sería recomendable solicitar la colaboración del colectivo arbitral para ayudar a conocer las normas de fútbol a entrenadores y jugadores. Esta formación iría encaminada a orientar e incentivar el aprendizaje de las reglas inculcando comportamientos adecuados para la mejora en la competición, aprendiendo el espíritu del reglamento con ejemplos claros y concretos, con arbitrajes didácticos de trabajo en el campo o en el aula para la mejor asimilación de las reglas.
El árbitro es mi amigo.
Los árbitros, a veces tan perjudiciales, a veces tan injustos, a veces tan incomprendidos, pero siempre tan humanos, a cada uno de ellos debemos mostrarles nuestro agradecimiento. Los educadores deben fomentar la mejor imagen del árbitro, como actor imprescindible para jugar el partido. Por ellos, ídolos de nadie y culpables de todo, debemos reflexionar como nos gustaría que nos trataran a nosotros, con respeto y educación.


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