Árbitros en los recreos


Hasta aquí hemos llegado. Tendremos que admitir que los niños (y niñas, claro) jueguen al fútbol en el recreo imitando los gestos de sus ídolos con la misma y pasmosa habilidad con la que Woody Allen se transformaba en negro en la película Zelig. Habrá que aceptar que los goles ya no se celebren en los patios de los colegios de forma colectiva, anárquica y bulliciosa, sino que se limiten a una celebración estrictamente individual, egocéntrica y demasiado teatral llevada a cabo por el autor del gol. No hay más remedio que entender que el educativo caos que envolvía a los partidillos escolares ha tenido que suavizarse para que una discusión por un penalti que pudo haber sido no termine con una denuncia contra el profesor de guardia por haber permitido que Pepito empujara a Juanito. Incluso tendremos que acostumbrarnos a que a la hora de repartir los equipos y funciones, a alguien le toque ser portero (ese puesto que casi ningún niño quiere? hasta que llega el momento de ponerse bajo los palos en un penalti) y alguien tendrá que aceptar ser árbitro. Árbitros en los recreos. ¿Cabe mayor herejía? ¿Es posible caer más bajo? ¿A alguien se le ocurre algo más futbolísticamente perverso que un partido de fútbol en el patio del colegio dirigido por un niño-árbitro que se ve en la obligación de, glup, pitar un penalti en contra de ese niño de 5º A o anular un gol a ese chaval de 4º C porque hizo falta al portero? Pues sí. Hay una herejía mayor. Es posible caer más bajo. A mí se me ocurre algo más perverso. ¿Por qué? Porque lo he visto.
Seguir leyendo en.... La Opinión - A Coruña

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.