"¡Árbitro vendido!". Por Víctor Gordoa

Desde que yo era niño y se armaban las cascaritas futboleras, de lo único que nadie quería jugar era de árbitro. ¿Por qué? Pues porque el árbitro no participa heroica y activamente en el juego y siempre queda mal con los participantes.
En el deporte profesional, la situación no es muy distinta. El fútbol ha evolucionado en técnicas y en ejecución: los jugadores tienen mejor condición física, las tácticas del equipo son variadas, las jugadas son más rápidas y el contacto físico ha aumentado. Sin embargo, el arbitraje ha permanecido sin muchos cambios, dependiendo únicamente de la percepción y la decisión de un juez que tiene que dar su veredicto en segundos... y no siempre de la forma más atinada. Y aunque existe un reglamento, mucho depende de la apreciación y el criterio de quien aplica la regla.

Tarjeta roja
El arbitraje en el fútbol se ha quedado atrás al no implementar ventajas tecnológicas que permitirían mayor justicia en la toma de decisiones. En otros deportes, los árbitros se auxilian de cámaras, de sensores y otros aditamentos tecnológicos que respaldan con imágenes, gráficas o cronómetros la decisión a tomar. Sin embargo, el fútbol sigue dependiendo de juicios apresurados ante las jugadas, con tal de respetar el ritmo del juego. Con esto, se cae en errores de apreciación que podrían perjudicar de manera contundente a cualquiera de los dos equipos.
¿Qué puede hacer un árbitro de fútbol ante este panorama? Al menos conocer muy bien las reglas y saberlas interpretar, estudiar a los equipos contendientes, estar en muy buena forma física para seguir de cerca las jugadas y, por último, estar preparado para tomar decisiones rápidas, certeras y, sobre todo, coherentes.

Antes del silbatazo final
El rol de un árbitro dentro del juego es tener autoridad en el campo y saber ganarse el respeto tanto de los jugadores como de la afición. Esto se logra cuando la imagen de justicia y profesionalismo sobrepasa algún tropiezo en la decisión.

Los recientes sucesos en el arbitraje mexicano y la cobertura mediática enfocada a resaltar los errores, han devaluado la imagen pública que se tiene de estas autoridades. Debemos comprender que el silbante siempre llevará las de perder ya que es imposible que quede bien con ambos clubes. Si la decisión que toma favorece a nuestro equipo, estaremos de acuerdo y la consideraremos acertada; pero si esta nos afecta directamente, en automático la rechazaremos y le recordaremos el 10 de mayo. Es por esto que la Federación Mexicana de Fútbol y la Comisión de Arbitraje deben enfocarse en la forma de estimular a las audiencias, ya que si no se pone especial atención a este punto, nunca podrán cambiar la percepción de los aficionados y por lo tanto seguirán gritando: "¡arbitro vendido!"

Noticia e imagen: http://www.record.com.mx/

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.