La violencia consentida en el fútbol. Por Jose Segura.

Mientras los clubes de fútbol sigan amparando entre sus filas a las organizaciones violentas, seguirán produciéndose incidentes tan graves como los de este pasado domingo en Madrid.
Podrán ponerse como quieran las autoridades, los comités de seguridad, la policía o los propios clubes. Pero esta violencia está directamente relacionada con el fútbol, ya que son sus hinchadas más fanáticas las que causan siempre los heridos o los muertos, dentro o fuera de los estadios.
En el caso de la tempranera pelea en Madrid Río, preparada de antemano a través de las redes sociales, se enfrentaron los ultras del Atlético de Madrid a los del visitante Deportivo de La Coruña, apoyados los primeros por los del Sportingy los segundos por los del Rayo Vallecano. Nada hay pues de imprevisible ni de fortuito en esta batalla campal que tuvo como consecuencia un muerto, en una época en la que por mucho menos te tienen pinchado el Smartphone y el WhatsApp o espiado el Twitter.
Así que mucho habrá que investigar sobre este asunto, tanto para esclarecer las causas y la organización de la contienda, como la manera de prevenir en el futuro otros sucesos similares que, lamentablemente, volverán a ocurrir.
También habrá que reflexionar por qué unos partidos se consideran de alto riesgo y otros no, mientras siguen existiendo pandillas violentas de esta calaña. Mientras los salvajes no sean definitivamente expulsados del fútbol, todos los partidos deben ser considerados de alto riesgo, como se ha demostrado tantas veces en los que han ocurrido “inesperadamente” casos como este, con apaleamientos de jóvenes árbitros de tercera división, lanzamientos de objetos al campo como el ocurrido en el último partido Valencia-Barcelona, con un impacto en el rostro de Messi, lanzamientos de bengalas con quemados e incluso muertos y otras burradas más.
A la violencia organizada en el fútbol, se añaden además cuestiones de índole política extremista, en la que ultraderechistas y ultraizquierdistas campan a sus anchas. Así lo demuestra –una vez más- la radicalidad de diferentes ideologías que subyació enel enfrentamiento de este domingo: el Frente Atlético, de ultraderecha y apoyado por los colegas Ultra Boys del Sporting de Gijón, se liaron a mamporros –utilizando cualquier objeto o petardo como arma- contra los Riazor Blues, de extrema izquierda y que fueron apoyados por sus homónimos Bukaneros del Rayo Vallecano.
Conforme va tomando hechura este editorial, nos preguntamos ¿pero esto qué es? ¿Peñas futbolísticas o guerrilla urbana? Son maleantes, sin más, nos contestamos. Son hombres, no precisamente niñatos, que han llegado a su madurez con un cuchillo en la boca y con la excusa del amor a los colores de su club para llegar a matar si alguien se pone a tiro.
Esto no es fútbol. La violencia nunca lo es. Que la policía no apareciera de inmediato, tampoco parece fútbol, como que el teléfono de la Federación Española no contestara durante todo un día de jornada deportiva. Tampoco debe ser fútbol que nadie con un poco de sentido común suspendiera el partido, ni por supuesto lo es que el presidente de la Liga Profesional se llamara ayer andana. Que no, que esto no es fútbol. Solo es mala gente que pasaba por allí. Cuánto queda todavía por aprender.

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