Sobre árbitros y pedagogía

Es evidente que los equipos que pierden los partidos acaban echándole la culpa al árbitro. Como patético ejemplo tenemos el último partido del siglo entre el Real Madrid y el Barça aunque hubiera servido cualquier otro.
Finalizado el partido, dos jugadores criticaban amargamente al árbitro por sus decisiones equivocadas. En competiciones escolares un padre propinó una paliza al árbitro porque se equivocaba y su hijo, avergonzado, lloraba. También parece que es un denominador común en el fútbol que no se da tanto en otros deportes.
Si desde pequeños nos enseñaran que los árbitros forman parte del juego y siempre pintan lo que ven, el noble deporte del fútbol ganaría muchos enteros. Yo dejé de ir al fútbol con mi hijo cuando los aficionados insultaban al árbitro cuando saltaba al campo. Decían que era para “amedrentarlo”, y se reían.
En resumen, menos dinero para el Informe Pisa y más para la Educación.

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